El día que conocimos a Melania y Antonio traían una sonrisa preciosa, trasmitían pura felicidad, el amor se notaba a leguas de distancia. Sabíamos que teníamos la gran responsabilidad de transmitir esa alegría y amor de él uno por el otro.
En el día de la boda todo parecía sacado de un cuento, el vestido de Melania, sus manos y su sonrisa. El traje de Antonio, su familia. El lugar, las madrinas, los padres y hasta el perro Pipón.
Ese día todo fluía como la seda, una simpática banda de jazz, charlas, vino, el baile y las sorpresas, todo marcaba la diferencia, no era una boda más. Se sentía algo inexplicable. Melania y Antonio ya no eran dos personas que se querían, eran una sola que se amaba para siempre.
12/10/2019